• Karen Cancinos

Sobre los machos alfa (4): Johnny Lawrence

De Cobra Kai, la serie, he encontrado fascinante el personaje de Johnny Lawrence. Es el que más me ha interesado, de hecho. A diferencia de Daniel Larusso, Lawrence no fue el protagonista de la saga ochentera del Karate Kid, pero en la serie que revive la vieja rivalidad entre ambos, a mi juicio resulta el personaje principal.

Lawrence, a diferencia de Larusso, es el vivo retrato de un fracasado. Constituye el epítome de la derrota. Alcohólico y descuidado en su persona, malvive en un apartamentito que mantiene sucio y oscuro, conduce un trasto viejo, labora sin entusiasmo en un trabajo rutinario del cual lo echan así que termina desempleado, todo en el primer episodio.


Al avanzar la serie nos damos cuenta de que sus fracasos personales son más graves que los materiales. Lawrence ha dejado una ristra de mujeres abandonadas, y peor todavía, un hijo adolescente que crece a su aire, como una matita silvestre, con una madre que va de hombre en hombre buscando quién la mantenga y entretenga. Todo eso nos da pena, porque los fans de Karate Kid recordamos al rubiecito guapo y belicoso que vivía en una mansión, conducía una motocicleta cool y se movía en los altos estratos sociales californianos de los ochenta.

Entonces, ¿en dónde radica lo atractivo del personaje de Johnny Lawrence? Ciertamente no en el hoyo en el que se encuentra, sino en las razones por las que inicia su salida de allí, luego de treinta años de fiascos y descalabros. Yo me he sorprendido dándole ánimo en episodios sucesivos, ¡vamos-Johnny-tú-puedes!, y alegrándome con sus avances y logros.


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La recomposición de Lawrence comienza cuando se da cuenta de que su vida es un horrible e interminable desasosiego, ese que experimenta quien está harto y hambriento al mismo tiempo. Pareciese una contradicción en términos, pero no lo es. Hoy es 28 de agosto, día de san Agustín de Hipona, y si alguien comprobó que donde hay hastío también hay anhelo, fue él.

Volvamos a nuestro personaje. ¿Qué lleva a Lawrence a esa cumbre desde la que puede ver su vida pasada? ¿Qué hace que le encuentre lugar y sentido a sus muchas malas experiencias? ¿Qué le ayuda a juntar toda la película de su existencia, y con ello iniciar el camino de la paz? El amor, por supuesto. No podía ser de otra manera.

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Un motivo por el que me gusta Cobra Kai son las historias de amor filial que narra o evoca. El señor Miyagi y DanielsanDaniel Larusso y Robby KeeneJohnny Lawrence y Miguel Díaz

Es precisamente este jovencito ecuatoriano que llega de inmigrante a Estados Unidos, vecino y primer estudiante del dojo de Johnny Lawrence, quien hace que éste regrese de la tierra de los zombis. Es cautivador ver cómo la amistad que inicia en la primera temporada, termina convirtiéndose en el afecto filial que vertebra toda la segunda temporada y, según parece, la tercera, que todavía no ha sido lanzada y que espero con ansias.

A medida que Johnny se vuelve sensei, mentor, amigo y figura paterna para Miguel, va admitiendo las cosas que ha hecho mal en su vida, pero deja de castigarse a sí mismo con alcohol y misantropía. Acepta su historia, pero se da cuenta también de que ahora tiene luces de las que antes carecía. Yo creo que eso nos pasa a todos. Si pensamos en los errores que hemos cometido, comprendemos también que, si se nos diese volver a aquellos días oscuros sabiendo lo que sabemos hoy, elegiríamos lo bueno, lo bello, lo verdadero y lo permanente.

Y es que nadie puede vivir hecho añicos siempre. A menos que se dé por vencido y se suicide, en algún momento entiende que hay que recoger los pedazos de la propia vida y recuperar la unidad interior, y eso pasa por admitir toda su historia, sin negar ninguna parte de ella, sin ocultarse ni el estropicio que ha ocasionado ni el que otros le han causado. Johnny Lawrence hace eso, movido por su amistad con Miguel, y así encuentra el porqué de sus experiencias más dramáticas. Identifica la verdad de lo que fue y de lo que hizo, pero también reconoce la verdad de lo que es ahora y del mucho bien que aún puede y debe hacer. Así es como se vuelve maestro y faro.

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Johnny Lawrence es, en suma, un hombre más que solo decente. Es admirable. Por alcanzar cotas de excelencia después de revolcarse en fondos que la mayor parte de nosotros hemos conocido alguna vez. Pero sobre todo, por su fineza de alma, evidenciada en su disposición interior a querer y dejarse querer, y permitir así que el amor le coloque en la senda de la redención y la paz.



El sensei Johnny Lawrence con sus dos mejores estudiantes, Hawk y Miguel.



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