• Karen Cancinos

Domingo de Pasión: la sencillez del burro

«El Señor los necesita, y los va a devolver enseguida», cuenta el evangelio de Mateo sobre lo que los discípulos debían responder a quien les preguntase porqué desataban un asna y su cría para llevárselos al Maestro. No aclara el relato del apóstol sobre cuál de los dos montó Jesús, pero sí narra cómo Jerusalén se alborotó ante su entrada triunfal en la ciudad, a lomos del buen animal.


A mí me conmueve el hecho de que el Señor haya querido necesitar un burro. «Cristo se fijó en él» dice san Josemaría Escrivá, «porque estima la alegría de un corazón mozo, el paso sencillo, la voz sin falsete, los ojos limpios, el oído atento a su palabra de cariño». Debió ser eso, porque el animalito de muchas cosas carecía, de la imponencia de un buen ejemplar de camello por ejemplo, o de la majestuosidad briosa de un hermoso corcel.


Si alguien cumple sus promesas, ese es el Señor. De modo que devolvería los nobles brutos a su dueño como dijo que haría, y estos seguirían con sus labores rudas y rutinarias, ignorando que habían cargado al Rey de reyes y que con ello se habían erigido para siempre en el símbolo de una de las tantas paradojas con que nos obsequió nuestro Dios encarnado: la Grandeza se abajó, para elevar la sencillez hacia Sí.


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Hoy, cuando la mitad de los seres humanos nos vemos forzados a la sencillez en el comer, en el pasar el tiempo, en el estar en casa, esta semana constituye una fabulosa oportunidad, y no solo para los que la vivimos como la más sagrada del año, sino también para aquellos que han dado en llamarla «verano», cosa un tanto ridícula si se toma en cuenta que nuestro país se ubica en el trópico, y que por lo tanto no tiene cuatro estaciones sino solo dos, la seca y la lluviosa.


Pero dejemos las precisiones climatológicas a un lado. Vamos a la oportunidad que tenemos ante nosotros esta semana que ha empezado hoy, con el Domingo de Pasión o Domingo de Ramos, como se le conoce popularmente. Este es el tiempo propicio para familiarizarnos con la sencillez o, si ya era amiga nuestra, para sumergirnos más en su nobleza.


Porque la sencillez ennoblece. La del burro está en su disposición a cargar con lo que se le enfarde, y por eso el Señor se fijó en tan noble simpleza. Quiera Él que aprendamos de tan simpático jumento peludo no solo a trabajar bien, sino a amar la perfectísima Voluntad divina. Y quizá eso comience por no quejarnos del encierro, de las limitaciones, de la falta de todo aquello que una daba por sentado, desde los paseos a la Antigua hasta la participación en los Santos Oficios en una iglesia que unos años era capitalina y otros pueblerina, pero siempre tan esplendorosa como una novia que se adorna con sus joyas para acudir al encuentro de su amado, como dice el salmista.


Que extrañar la deslumbrante belleza de la liturgia y de las hermosas manifestaciones de piedad popular procesiones, alfombras no nos haga lamentar la austeridad que la pandemia nos ha impuesto. Más bien que nos eduque en la sencillez, y que comprendamos un poco el sufrimiento de los cristianos perseguidos por su fe, de los enfermos en una cama de hospital y de quienes los atienden física y espiritualmente.


Solo entonces nos desasnaremos, por un lado, al despojarnos un tanto de nuestra egolatría, pero por otro, nos pareceremos un poco al burro en su sencillez, es decir, en su disposición tosca pero amorosa para servir a su Señor. ¿No digo que nuestro Dios es experto en paradojas?


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Un poema anónimo llegó hoy a mi whatsapp. Lo compartiré con ustedes aquí, dando a su autor desconocido mi gratitud como crédito. Dice así:


¿Qué pasa? dice el borricoLas calles están vacías.

¿Es que acaso han olvidado que hoy venía su Mesías?

Tú tranquilo, fiel amigo le ha respondido el Señor.

Continúa tu camino; no tengas ningún temor.

Este año es diferente: es tiempo de reflexión,

y por eso muchos de ellos me esperan en su interior.

Les aguardan días santos de silencio y oración;

de quietud, calma y espera... hasta mi Resurrección.

Celebrarán la Pascua, verás, con corazón renovado

y le darán importancia a lo deveras sagrado.

Mantén el paso, fiel burro, continúa tu misión.

¡Sigue andando por las calles, que aún falta la Pasión!

Foto de Julissa Helmuth en Pexels

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