• Karen Cancinos

Propósitos de 2020: estos son los míos

Haré pública mi fe. No he sido llamada a predicar en plazas, esquinas o púlpitos. Pero con hacer pública mi fe me refiero a que no la esconderé, como lo hice muchas veces en el pasado. Respetos humanos le llaman a disimular u ocultar la propia fe, por apocamiento ante la presión de grupo o por falta de confianza en los conocimientos que una tiene para dar razones de su creencia. De aquí mi segundo propósito.


Continuaré mi formación. Seguiré la admonición del Pescador sobre estar preparada para dar razones de mi esperanza. Y esto no se puede hacer sin esfuerzo mental. Por eso he pedido que en este año Dios me conserve y acreciente la disposición a dejarme educar. Solo eso aporto yo. Lo demás lo pone Él, como los escritos excelentes de tantos educadores del pasado y de hoy, desde el querido Agustín de Hipona hasta el profesor Scott Hahn.

Aprovecharé el tiempo. San Basilio decía que todavía hay tiempo para aprender la paciencia, para sanar, para cambiar. ¿Caíste?, pues levántate, y si pecaste cesa de hacerlo, decía. Aún tenemos tiempo, queridos, aún tenemos tiempo, y al decir esto voy a contrapelo de lo que algunos contemporáneos míos afirman acerca de que «ya estamos viejos». Claro que lo estamos, para desvelarnos en parrandas hasta al amanecer y consumir comida rápida sin que el cuerpo lo resienta, pero no para lo de verdad importante.


Así que son son de agradecer los atascos de tráfico de nuestra ciudad, las salas de espera y los trayectos de transporte, pues favorecen el aprovechamiento del tiempo si se escuchan podcasts. El Señor ha inspirado a muchos de sus buenos pastores a producir y ofrecer gratuitamente su magnífico material en internet y redes sociales, que son como minas: entre toneladas de lodo y basura, se encuentran a veces gemas y filones de oro.

Alegraré a aquellos cuyas vidas se cruzan con la mía. No podemos decir que amamos a un padre si detestamos a sus hijos. Es verdad que un poco de gratitud hace que amemos al Padre pues ¿quién ha hecho por nosotros lo que Él?, pero amar al hermano puede no resultar fácil. Quizá no lo merece. Quizá es majadero, mezquino, o sencillamente tiene dolor de estómago ese día en particular y por eso resulta tan desagradable.


Lo cierto es que eso del amor al prójimo nada tiene que ver con su amabilidad o carencia de ella. Debemos quererlo en y por su Padre, que es también el nuestro. Y aunque esto de amarnos los unos a los otros suena abstracto, y lo es si no encontramos formas de concretarlo en nuestra realidad cotidiana, en realidad es algo perfectamente realizable.


¿Cómo? Puedo hablar por mí solamente, pero este año, si mi Rey me ve con benevolencia como a Ester, me convertiré en una persona que no tiene el inmenso trabajo de cargar con ella misma, o peor aún, que endilga tamaño fardo a los demás. Ruego porque de mí nadie reciba aspereza y amargor, sino gentileza y alegría.


En fin, amigos, cuando se trata de resoluciones de principios de enero, siempre es mejor ponerlas por escrito, pues las palabras propias obligan cuando están en blanco y negro, y más todavía si además son hechas públicas, como ahora que las lanzo a la blogósfera para compartirlas con ustedes. Les deseo a todos un 2020 estupendo.

Fotografía de Designecologist en Pexels



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