• Karen Cancinos

A un chico Marro

Bien, chico Marro, alumni, estudiante, profesor, fiduciario, colaborador o amigo, nuestra UFM ha cumplido 49 años esta semana. En la portada de la página web habrás leído una cita de Edwin Feulner. A mí me parece muy apropiada para un aniversario que marca la plenitud de la madurez. Dice: «La libertad, aun siendo el más alto objetivo de la democracia, no puede ser el más alto objetivo de la civilización. [La libertad] es un camino para transitar, no una casa para habitar. Nuestro verdadero destino [en realidad] se define por el credo que tenemos acerca del mundo en el que vivimos».

Me gusta la cita de Feulner. Cuando sugiere que la libertad es el más alto objetivo de la democracia, pero no puede serlo de la civilización, se sitúa junto a Lord Acton y su aseveración de que la libertad es el más alto fin político… no el más alto fin individual. Y es que la libertad es un medio. Tan deseable, eso sí, que en la narrativa popular se la considera fin. Pero en realidad es un medio, puesto que siempre hay que considerarla a la luz de un: ¿para qué?

Todos quieren «ser libres» y cualquiera puede hablar a la ligera de que hay que «liberarse» de esto o aquello. Pero tú y yo sabemos que lo que debemos preguntar o preguntarnos es: ¿libres… para qué?, ¿liberarnos… de qué?

¿Ser libres, o liberarnos de cualquier estorbo, para toda apetencia, deseo y anhelo que lo pueda a uno? Aprendimos en la Marro que eso ni es libertad ni tiene asidero real, por dos razones. La primera, porque la cruda verdad es que la Libertad es una dama que pone límites, no una zorra que fustiga las propias pasiones desbocadas y por lo mismo, baldías. La Libertad, por definición, tiene límites dados por una carga de obligación ineludible si hemos de vivir en sociedad.

La segunda razón es que el solo hecho de vivir gracias a, con y para otros, nos sitúa en un ámbito de realidad imperiosa, y es este: todos estamos constreñidos por muchas cosas que no somos ni seremos, ni podemos ser, aunque queramos. Como la mujer que pelea con la realidad de su ser femenino y quiere ser hombre, por ejemplo. O viceversa.

Por eso la libertad no es un término para designar un anhelo tan pomposo como banal, ese de «ser» lo que a uno se le antoja.

O para «escoger» lo que uno desea. Como si la vida fuese un supermercado en el que vamos tomando de las góndolas solo lo que queremos y por lo que podemos pagar.

O para «hacer» lo que queramos. Como si pudiésemos hacer lo que nos viene en gana siempre y en todo lugar… sin traicionar la confianza de quienes nos aprecian, herir a quienes nos aman, o defraudar a la gente decente que la hay y mucha, y que a veces —con razón o sin ella— hasta nos ve como referente, timón, pilar o vela.

Todo esto nos lo enseñaron en el Alma Máter que el querido Muso (Manuel Ayau) y sus amigos fundaron hace 49 años. Es para festejar entonces que continuemos enseñando la Libertad como lo que es: un medio para el florecimiento humano, pero tan deseable y tan poderoso que debe ser correctamente comprendido, porque es muy fácil de entender mal y usar peor.

Es para celebrar que en esta nuestra Casa entendamos a Madame Roland, quien proclamó al subir las escaleras del cadalso adonde sería guillotinada: «¡Libertad, libertad, cuántos crímenes se cometen en tu nombre!», y que en consecuencia enseñemos que los principios que vertebran una sociedad de personas libres y responsables llevan este orden necesario: éticos, jurídicos y económicos.

49 años se dicen pocos, pero chico Marro, ya es casi medio siglo el que nuestra UFM lleva enseñando el camino de la libertad; es decir, formando gente —tú y yo incluidos— en un entendimiento sencillo, pero quizá por ello más difícil de transmitir, internalizar y vivir. Es decir, la comprensión de que la Libertad es trayecto, no objetivo; periplo, no destino. Porque éste, como dice Faulner correctamente, está definido por el credo que suscribimos en torno a todas las cosas y su última finalidad.

El núcleo del credo mío sé Quién lo ocupa. En cuanto a ti, explora en tu propio corazón. Por lo que en él hallarás, por lo que he hallado yo, y por nuestra Universidad, brinda conmigo, chico Marro, por estos 49 años, y deseemos que sean tan solo los primeros.


Guatemala, 15 de agosto de 2020




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